Un buen programa fracasa cuando quien aprende no lo ve.
Los jóvenes sopesan la educación frente al empleo, la independencia, la migración y si las oportunidades que se les ofrecen están realmente a su alcance. El problema rara vez es solo la falta de información. Es la distancia entre la institución, la oportunidad y quien aprende.
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Información dispersa en distintos canales
Programas, becas y recursos dispersos en páginas, documentos y canales distintos.
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Programas en lenguaje institucional
Jóvenes a quienes se exige aprender el vocabulario del programa antes de poder ver lo que ofrece.
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Oportunidades que pasan desapercibidas
Centros de formación y juveniles de los que los destinatarios nunca oyen hablar, sobre todo fuera de las grandes ciudades.
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Aprendizaje sin aplicación práctica
Contenidos que se quedan en lectura pasiva en lugar de algo que el alumnado pueda poner a prueba y utilizar.
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Participación como mero adorno
Jóvenes que aparecen en fotografías y eventos sin influencia real en el proceso.